Entrevista a Rabino Daniel Dolinsky (2ª parte).

17/May/2022

Semanario Voces- por Jorge Lauro y Alfredo García

Semanario Voces- por Jorge Lauro y Alfredo García

“Si el judaísmo y el judío tienen algo bueno para aportar, lo deben aportar en su sociedad. Es la pulsión judía, aportar lo bueno a la sociedad. Entones comerciás, estás en el mundo de la política, del conocimiento, en el periodismo, en lo que sea. El judaísmo te impulsa a eso.” Crédito foto: Rodrigo López (Semanario Voces)

¿La colectividad judía sigue siendo perseguida en el mundo?

Existe antisemitismo, que tiene que ver con la ignorancia. Los bolsones o espacios en el mundo donde todavía lo hay, tienen que ver con la ignorancia. Quizás hay muchos de esos lugares donde nunca vieron un judío. Es todo un tema. Pero hoy creo que es una época privilegiada de la humanidad, no solo para el pueblo judío sino para todos, que hemos aprendido a comprender al otro, a oír.

¿Considerás que hay más comprensión entre diferentes?

Sí, creo que hoy hay menos ignorancia. Existe ignorancia, pero hay menos. Hemos derribado paredes. Creo que el acceso a la tecnología también ha sido vital. Como todo, en internet vas a encontrar lo bueno y lo malo. Pero hay quien no quiere dejarse influenciar por las ideas que escucha, y ese busca en Google, conoce, escucha. Hoy no sabés a dónde llegás. Tenés la certeza y la duda de a dónde llegás, porque probablemente llegás a muchos más lugares de los que sabés, y estás influyendo y modificando situaciones.

¿No sigue siendo subterráneo en la cultura general, a la que influyen muchísimo más los medios masivos?

Creo que hay una tendencia a la baja. No vamos a decidir que desapareció, pero sí que la ignorancia está a la baja, incluso en los medios masivos y en espacios más hegemónicos. Es muy difícil atrapar el conocimiento en esta era de globalización. Hoy el conocimiento está disponible. Es más difícil quedarse ignorante. Pasa, sí, claro. Pero tiene que ver con una decisión. Fijate cómo lentamente, porque también le lleva tiempo, la educación va cambiando. La forma en que fuimos educados nosotros ya no es la misma en la que son educados nuestros hijos y nietos. No es la misma ni debe serlo. Hoy el conocimiento está mucho más al alcance de cualquiera, en comparación con cincuenta años atrás.

Pero hoy la educación no es tan integrada como era. Hoy los colegios de la colectividad judía se llevan a la mayoría de los estudiantes judíos. Se pierde la integración que daba la escuela, lo que hacía que todo se conocieran.

Si nosotros solamente hacemos eso, sí. Pero si a la vez construimos ciudadanía, participamos, nos comprometemos en la sociedad, transformamos la vida desde nuestras particularidades, vamos en buen camino. Hay un camino que tiene que ver con distintas vías que van en paralelo y que juntas construyen el modelo. Si bien antes el modelo de educación era integral tenía que ver con que igualmente cada uno seguía manteniendo particularidades de origen. Hoy, gracias a Dios, no importa si estás en el colegio de la colectividad judía, o en el colegio alemán o en el liceo de acá a la vuelta, porque todos se sienten absoluta y plenamente uruguayos y están comprometidos con la sociedad y con el tratar de transformarla. Antes las particularidades de origen eran claves para la tribu, para el clan, y la escuela era el socializador. Hoy el modelo es distinto.

Cuando la escuela era integrada las instituciones judías no estaban amuralladas, rodeadas de pinos de hormigón.

Eso no tuvo que ver con el proceso de modificación de la estructura educativa, sino que es consecuencia de los dos atentados de Buenos Aires. La globalización trae cosas buenas y malas. Hoy vas a una sinagoga no ya en Montevideo sino en Bogotá o París y vas a ver los mismos pilotes, que tienen que ver con tratar de hacerle difícil hacer daño al que quiere hacerlo. Probablemente esos pilotes no eviten nada, pero van a tratar de disuadir. Yo no quiero esos pilotes. Nadie los quiere dentro del mundo judío. Nadie quiere vivir entre paredes, porque eso no nos representa. Si el mundo fuera distinto, lo primero que haríamos sería sacar eso y hacer una fiesta. Es algo que a todos nos costó. Te terminás acostumbrando, y terminás sobreviviendo con eso. Pensar que en Montevideo en 2022 necesito esos pilotes para asegurar que le voy a hacer más difícil a alguien el hacerme daño, porque creo que puede haber alguien que me quiera hacer daño, es horrible, invivible. Muchas comunidades pintan esos pilotes, como para que parezcan otra cosa, para que no se vean. Y no para el mundo, sino para nosotros, porque de verdad es invivible pensar que estás todos los días soñando con que alguien puede querer hacerte daño.

El blanco fácil, como Montevideo, puede ser más tentador, como lo fue la AMIA o la embajada en Buenos Aires. Si trasladamos esa sensación a Israel, ¿cómo se vive?

En Jerusalén hay mucho menos miedo. Ahí las sinagogas no tienen pilotes.

Porque la protección es el muro.

No, porque se vive con eso. Israel es un país muy interesante, junta historia y modernidad, lugares que representan cuatro mil años de historia humana y a la vez lugares que representan el futuro de la humanidad. A la distancia decís que no podías vivir en un lugar que está todo el tiempo amenazado, donde podría haber guerra o donde podés pensar que tu vecino te va a matar. Pero ahí nadie va pensando que va a pasar eso. Se vive normal, incluso más normal que esta sensación de los pilotes. Porque básicamente es la constitución del país en el cual, al fin y al cabo, esto va a pasar. En algún momento tiene que terminar. La sensación que tenemos por fuera, en la diáspora, es que se trata de otro tipo de odio, un odio al estar y la continuidad. Allá es un problema de convivencia, acá es la continuidad. Allá, en algún momento, tarde o temprano, la paz va a llegar y el encuentro entre los seres humanos y los pueblos se va a dar.

¿De dónde surge esa fe?

Todo el problema es político. Lamentablemente estamos hablando de un problema político. No es un problema entre musulmanes y judíos, entre árabes y judíos. Eso no es cierto. Los judíos han vivido por siglos codo a codo con los musulmanes. Siglos enteros sin persecución, con hermandad. Tenemos un sabio judío como Maimónides, que era el médico del sultán en el Cairo. Y ese sultán no era especial por elegir un médico judío, uno de los sabios más grandes de la historia del pueblo judío. El judaísmo y el islam han vivido en armonía desde siempre, pero el siglo XX ha hecho estragos en la humanidad, en muchas cosas, y entre ellas en la irrupción del odio a través de la política, las divisiones de pueblos a través de la política, la generación de enemistades a través de la mala resolución de los conflictos coloniales que arrastraron las potencias. Tenés lo de Siria e Irak por Francia, lo de Israel y los palestinos por Inglaterra. En África está lleno de casos. No quiero entrar en una cuestión de geopolítica, pero sí creo que el conflicto no es humano sino político y que se alimenta porque hay líderes en el mundo a los que les interesa alimentar el combustible de otros líderes para que se peleen entre ellos. La verdad es que al final ni una familia palestina quiere matar a una familia judía ni viceversa.

¿No trasciende lo político después de tantos años? Muchos se crían en el miedo, y el miedo lleva al odio.

La pulsión de vida y de paz es más fuerte que cualquier odio, no tengo la menor duda. La paz se consigue de un segundo para el otro, pero la guerra es algo que tenés que construir. Miremos el conflicto de Rusia y Ucrania. En Rusia están construyendo un relato del odio, con parámetros del siglo XX, trayendo palabras como nazismo, odio, enemigos.

Del lado occidental también se construye un relato de odio contra lo ruso.

Por supuesto. Es la única forma de preservar el conflicto, porque la pulsión de vida y de paz es más fuerte. La verdad es que el soldado ruso lo que quiere es ir a su casa, mirar la tele, tomar una vodka y vivir una buena vida. El tema es que durante siglos fue muy fácil porque lo único relevante, la única aventura, era ser militar, ir a conquistar la patria o los imperios. ¿A qué te ibas a dedicar, a juntar la harina en el molino? No, a ser soldado. Pero el mundo cada vez es más cómodo y a los líderes cada vez se les hace más difícil construir discursos. Incluso en lugares tan cerrados al mundo como China, los chinos ven el mundo. Y China tuvo que cambiar.

Se han creado armas para matar sin que los soldados participen, para solucionar eso.

Evidentemente hay una inteligencia negativa que sobrevive y se va adaptando, que tiene la misma capacidad de adaptación que la pulsión de vida y paz. Es cierto. Pero personalmente creo que en algún momento de la humanidad esa pulsión de paz y de encuentro va a triunfar. Es fe, y es el convencimiento de dedicarme a algo que vocacionalmente tiene que ver con el interactuar con las personas. La verdad es que no existe un ser humano que al final de cada día no sueñe con estar mejor y con estar tranquilo. En algún momento el obtuso, el fundamentalista, el que quiere otra cosa, tendrá que inventar un sistema que no incluya seres humanos. Habrá robots que hagan las cosas. Pero el ser humano va por otro lado. Quizás pueda estar equivocado. Pero si uno viaja por el mundo ve que en todos los lugares la gente quiere lo mismo, más o menos. Vivir tranquilos, disfrutar de sus familias, tener una buena vida, dejarle un buen legado a sus hijos, material, espiritual. Básicamente la vida es eso. ¿Por quién la vas a sacrificar? ¿Qué cosas te mueven? Cada vez te mueve más tu micromundo, y eso cada vez nos está acercando más a la paz, a la convivencia, porque tu micromundo y el del otro son iguales. Las discusiones, el odio y las peleas están, y se fogonean, pero cuando sos musulmán y te sentás con tu vecino judío, y él festeja sus fiestas y vos las tuyas, él vive en el 401 y vos en el 402, llega un momento en que se convive y no te molesta, donde el otro no es el malo. Obvio que se puede inculcar el odio, pero la convivencia es natural, y la convivencia transmite la paz. Hay que militar por un mundo y un tiempo de paz, de encuentro. No va a pasar por arte de magia, obviamente, pero creo que hay lugar para eso.

Dijiste que hay menos antisemitismo que antes.

Personalmente creo que sí, que es más localizado, que tiene que ver con lo que llamo bolsones de ignorancia. Al haber más conocimiento, más empatía y apertura, y un mundo de más cercanías, hay menos antisemitismo.

Me llama la atención que ante cualquier cosa que se diga de los judíos siempre salta alguno diciendo: “antisemitismo”, hasta con los chistes.

Al judaísmo siempre le tocó interactuar como minoría, en todas las sociedades, en todos los grupos en los que estuvo.

¿Cuántos judíos hay en el mundo?

Hay datos, aunque no certezas. Son unos dieciocho o diecinueve millones en el mundo.

Con una influencia gigantesca.

No es influencia, es nivel de dedicación. Mucho tiene que ver con que históricamente los judíos han invertido en cosas que se pueden trasladar de un lado a otro. Existe lo que es el síndrome de la minoría, como lo llamo, esta sensación de desconfianza generalizada incluso cuando las cosas parecen estar bien, porque tenés miedo que cambien de un minuto al otro. Hay una memoria emotiva. A los judíos los han echado de lugares esperables y de lugares inverosímiles. Un día en Londres se levantó un gobernante y dijo que había que echar a los judíos de Inglaterra, y los echaron. A los cincuenta años les pidieron por favor que volviesen. Los han echado de lugares que uno diría eran más civilizados, donde reinaba un mundo más ilustrado, donde no había ninguna animosidad contra la tradición judía ni sus prácticas. En su ADN emocional el judaísmo arrastró parte de este síndrome, que llamo síndrome de la minoría. Con cualquier alfiler que te pinche un poquito saltás, por las dudas. Aparte te pinchan a vos y salta todo el colectivo, de tal forma que todos se enteren y haya un espíritu de cuerpo. Es una necesidad de autodefensa.

Por eso inventaron el krav maga.

También fue un mecanismo de defensa. En el siglo XIX hubo muchos lugares donde no dejaban hacer deporte a los judíos, entonces la forma de hacer deporte era hacer deportes judíos. Así es que, por ejemplo, se funda el club holandés Ajax, que era el club de los judíos, el que hoy es uno de los grandes clubes de fútbol del mundo. Cuando no los dejaban entrar, ellos hacían sus propios clubes. ¿Está bien o está mal? Está mal, pero es la forma de autoprotección y autodefensa para poder seguir adelante. Y seguís adelante, aportando lo tuyo en vez de pelear por todo el cambio de la sociedad. Así aparecen clubes judíos, nombres de deportes. No te dejan hacer judo y hacés krav maga, y ahí vamos, no hay problema y seguimos adelante. También es parte de esa resiliencia que al judaísmo le permite refundarse cada vez que lo precise. El judaísmo no tiene miedo de refundarse. Todo el tiempo está en proceso. Es jorobado, porque es difícil estar todo el tiempo en proceso, y es tensionante. Pero este tiempo es de los más tranquilos en cuanto a la reformulación.

Si hoy son dieciocho millones, antes seguramente eran muchos menos, pero es brutal la cantidad de pensadores.

El principio del siglo XX fue el momento en que más judíos hubo. Se calcula que eran casi unos treinta millones.

Pensadores en todos los espectros. Einstein, Freud, Marx, por nombrar los más fáciles. ¿Es el culto a la educación, es eso lo que los diferencia?

Creo que también sucede en otras culturas. Lo que pasa con el judaísmo es que se puede identificar al colectivo completo, entonces parece ser más significativo. Es cierto que la densidad de sabios dentro de la tradición judía es mayor, y tiene que ver con esta posibilidad de transformar el mundo como parte del plan de continuidad judía. Si yo como judío tengo algo bueno, lo ofrezco al mundo y no queda dentro del colectivo judío. Suponete que Marx hubiera descubierto ideas que fueran importantes para refundar la existencia humana. Las tiene que ofrendar al mundo. No es solamente para el pueblo judío. Obviamente había muchos judíos que estaban de acuerdo y otros no, porque dos judíos y tres opiniones, obviamente, pero son ofrendas al mundo. Lo mismo el que encuentra una cura para determinada enfermedad. No es para salvar a los judíos solamente. Si no, no sos judío. No es parte de aquello por lo que pertenecés a este pueblo. Lo que el judaísmo hace es ofrendar ese conocimiento. Obviamente que en otros pueblos eso no es tan notorio, entonces el aporte de los judíos pasa a ser mucho, porque no lo escatima. Sabin, Salk, Einstein.

Trotsky.

También. Si el judaísmo tiene algo para dar, se pone a disposición de la existencia. Después la humanidad decide qué se hace con todo eso. Es un patrimonio humano.

¿Por qué tantos uruguayos se van a vivir a Israel? Nacen y se educan acá, son más uruguayos que el mate.

La creación del Estado de Israel es un punto alto dentro de los casi cinco mil años de historia del pueblo judío. Es la oportunidad de recrear el punto de partida, lo que genera una fuerza en sí misma, porque ya no es el judío minoría entre las naciones sino la oportunidad de tener una nación entre las naciones. No te olvides que cuando el judaísmo dejó la tierra de Israel no existía esta idea de naciones. El judaísmo la tenía, pero el resto eran imperios. Eras un vasallo de un imperio, en el mejor de los casos. Entre los siglos XVIII y XX surge la noción de la pertenencia nacional, y el judaísmo, que la tenía, la recuperó de la mano del sionismo, lo que se concreta con la independencia del Estado de Israel, que es una oportunidad de recrear tu pertenencia, no solo identitaria sino nacional. Y ahí no se da un conflicto, porque los judíos que se van a Israel se siguen sintiendo plenamente uruguayos e israelíes a la vez.

¿Tan así?

Ellos se definen como el colectivo uruguayo, y son muchos. No pierden sus costumbres, pero sienten el llamado de la historia que los convoca. A algunos los convoca, a otros no, pero al que lo convoca lo hace sentir realizado. Tenemos que entender que, durante dos mil años, aunque quisieras, esto no era posible. Desde la destrucción del templo de Jerusalén hasta 1948, un judío que quisiera realizar su sueño de retornar a su propuesta nacional lo tenía inviable. Por ahora tenés dos generaciones, casi tres, para las cuales eso no es obligatorio, pero sí posible. A muchos les viene esa memoria emotiva de veinte siglos en los que no fue posible. Ahora que es posible te encontrás con los que desean hacerlo y los que no. Los que van lo hacen porque sienten que esa es la curva en la vida que los hace sentir, en Israel, plenamente israelíes y plenamente uruguayos. Y van, y vuelven. Hay un sentimiento de plenitud en lo uruguayo. A veces es difícil de comprender, porque el de Israel es un caso único de una etnia que incluye una forma de vida, que tiene una religión, que tiene un idioma, que concreta una nación a la que va el que quiere ir. Si no vas, no hay problema. Si no sos religioso, no hay problema. Van a decir que estoy loco, que soy esquizofrénico. Bueno, el judaísmo tiene un poco de eso, porque gracias a eso sobrevivió.

Hay judíos no sionistas.

Sí.

¿Qué es el sionismo?

Surge en el siglo XIX en el marco de un mundo que despierta a los movimientos nacionales después de la revolución francesa, cuando se van replicando las ideas de nación y los judíos son apátridas. Todo termina de tomar forma en la Francia ilustrada de fines del siglo XIX, donde había un capitán del ejército francés que se llamaba Dreyfus, al que condenan solamente por ser judío, aunque años después se demuestra que era inocente y que el traidor  a Francia era otro. Quien visualiza allí la necesidad de que los judíos dejen de ser apátridas se llamaba Theodor Herzl, un judío rumano, periodista, que va enviado a cubrir el caso Dreyfus. Estaba integrado a la sociedad austríaca, no visualizaba mucho su judaísmo, pero se da cuenta que los judíos tienen que tener un lugar entre las naciones. Si no eran bienvenidos en Francia, en Italia, en Rusia o en Polonia, entonces tenían que tener un lugar propio, que de hecho tenían, pero habían perdido, en manos de esas potencias que no les daban un lugar. Él no quería vivir con ellos, si ellos no querían vivir con él. Y Herzl hace lo que se llama el Primer Congreso Sionista. Sionismo remite a la palabra Sion, que es la tierra de Israel. A ese congreso invitó a judíos de todas las latitudes del mundo a congregarse en Suiza, en Basilea, en 1897, para decidir qué hacer con lo que para el mundo se llamaba “el problema judío”. Que le pusieran ese nombre era en sí mismo un problema, y es ahí que Herzl reúne a judíos de todo el mundo, que deciden empezar el camino para tener la propia nación, porque esa era la única opción posible para la comunidad.

El Congo o la Patagonia.

Esos son mitos. Herzl propone la tierra de Israel, y dice que no sabe si va a ser en diez o veinte años, pero que en cincuenta iba a haber un Estado judío. Y así sucedió. Era un visionario. La idea que propone es que tiene que haber un lugar en la Tierra para los judíos, que tiene que ser la tierra de los judíos. Se empiezan a hacer congresos sionistas todos los años, con una organización y un movimiento que empieza a tener estamentos políticos. Para concretar el sueño de una nación judía, Herzl visualizaba que había que organizar la nación antes que existiera.

¿Qué se necesitaba?

Poderes. Poder Legislativo, un parlamento, que era el Congreso Sionista; un Poder Ejecutivo, para el que lo nombran a él. Básicamente arman un gobierno en el exilio. No tenían dónde ni cuándo, pero se organizaron para estar prontos cuando llegara el día. Eso es lo que ocurrió. En el congreso de 1903, seis años después del Primer Congreso Sionista, hay una propuesta que le acercan a Herzl para fundar un Estado en Uganda, por parte de los británicos, que eran los que gobernaban sobre la tierra de Israel y veían que esto iba a ser para problema. Les ofrecieron Uganda y se sometió a votación. Tuvo cero votos. No era Uganda el lugar. La Patagonia nunca fue un plan, eso es un mito. Nunca fue una propuesta ni de los judíos ni de nadie. De hecho, eso se utilizó como argumento antisemita, o antisionista.

Ojo con confundir esos dos.

Como el sionismo representa la realización de aquel milenario sueño, es judaísmo. El separar sionismo de judaísmo es una falacia. El sionismo como movimiento es la concreción del Estado y su desarrollo. Hoy Israel no existe como Estado sionista, eso es un invento externo. Israel es el Estado de Israel, país judío y punto. Usar el término sionista en relación a Israel es una cuestión que se utiliza desde afuera hacia adentro y no desde adentro hacia afuera. Si un judío uruguayo hoy se va a vivir a Israel lo hace por sus ideales sionistas, y por eso el sionismo sigue existiendo como movimiento. Mientras haya judíos que no vivan en Israel, aquel que se vaya a vivir a Israel cumple el sueño sionista. Pero dentro de Israel el sionismo no existe. Ya están ahí, es un Estado entre los Estados, un país dentro de los países, y listo, está terminado. El sionismo es un fenómeno por fuera de Israel, y es un fenómeno judío, no israelí. Un judío que vive en Israel fue sionista para ir a vivir a Israel, pero el día que pisó Israel y se hizo ciudadano, su sionismo se terminó. Ya está, es israelí. Vuelvo a decir que la multiplicidad de opciones y visiones que la tradición judía propone, y sus formas de llevarlas a la realización, en esa diversidad el judaísmo se ha mantenido vibrante. Incluso en posturas antagónicas el judaísmo sobrevivió y se ha dado respeto. El punto es cuando no hay respeto. Ahí se complica. Pero mientras hay respeto las posiciones antagónicas son válidas dentro de la tradición judía.

¿Cómo se ha integrado a la vida uruguaya la colectividad judía?

Creo que está muy integrada. En todo.

Tienen cuadro de básquetbol, pero no de fútbol.

Son particularidades. Quizás pudo haber habido. El cuadro de básquetbol tiene que ver con que surgió ahí en el Hebraica, pero no todos los jugadores son judíos, y hay jugadores judíos en otros equipos, directores técnicos judíos en otros equipos. Es un equipo judío por la institución que le da paraguas, pero no es un equipo judío. No pasa por ahí. No hubo acá necesidad de un equipo judío, como sí pasó en Holanda o en otros lados. Y ni siquiera en Holanda lo sigue siendo, porque cuando no hay necesidad eso se cae naturalmente. Lo judío no requiere tener un equipo específico para que su gente pueda desplegarse. Un judío puede ser plenamente uruguayo sin ir con la chapita que diga “judío”, no lo precisa.

En otro momento, el antisemitismo fue más fuerte en Uruguay. Se vandalizaba el cementerio.

Sigue pasando cada tanto. Hay menos, pero hay. Son cosas que pasan, que vandalicen, que a alguien le griten algo. No hace tanto pasó lo de David Fremd en Paysandú.

Ese fue un loco.

Pero alcanza con un loco para armar un desastre.

Pero no es un sentir mayoritario.

No, claro. Es que la sociedad uruguaya no es antisemita.

¿Está bien decir semita? Los palestinos son semitas también.

Todos los musulmanes y el mundo árabe son semitas.

Se apropiaron de un término equivocadamente.

No es una apropiación que haya hecho la tradición judía, sino que es el término con el que vulgarmente se definió el odio a los judíos. No tengo la certeza, pero quien usó ese término no quiso usar el término antijudaísmo, porque quería separar esa idea y licuarla detrás de otro término. Antijudaísmo suena fuerte. Es más fácil liberarse de una conducta antisemita, suena más digerible. No pasó por un deseo de los judíos.

¿Impulsás a los jóvenes a que vayan a Israel?

Impulso a que los jóvenes vivan una vida significativa. ¿Dónde, cuándo, cómo? Queda a criterio de cada uno. Sí creo que hay un plus en la existencia del Estado de Israel. Cada joven tiene que poder encontrar su camino. Si el camino es Israel, eso me pone contento, no voy a decir que no. Si el camino es fortalecer la comunidad judía uruguaya o de cualquier otro lugar, también me pone contento.

Hay treinta mil judíos en Uruguay.

Creo que hay un poco menos.

Pero son potentes. Me cuesta dimensionar dieciocho millones. Israel tiene nueve, y otros nueve están en el resto del mundo. Estados Unidos tiene una colectividad inmensa.

Unos cinco millones. Europa tiene algunos cientos de miles.

¿Cuál es la comunidad más fuerte después de Israel y Estados Unidos?

Creo que Francia, donde deben ser más de medio millón.

Treinta mil en Uruguay y tienen una presencia muy grande, en la rama del comercio, en la industria, en la política.

Si el judaísmo y el judío tienen algo bueno para aportar, lo deben aportar en su sociedad. Es la pulsión judía, aportar lo bueno a la sociedad. Entones comerciás, estás en el mundo de la política, del conocimiento, en el periodismo, en lo que sea. El judaísmo te impulsa a eso.

El mito es al revés, que son cerrados y que se ayudan entre ellos. Que no quieren evangelizar a nadie.

Si alguien golpea la puerta y dice que quiere ser judío, bienvenido. Pero tiene que golpear la puerta y querer. No vamos a buscar a nadie.

Por lo que conozco, es la única religión no proselitista.

Puede ser. No me animo a afirmarlo con certeza. El judaísmo no parte de la idea de “pocos” sino del “nosotros”. No pasa porque alguien te lo diga o lo elijas para cinco minutos. Si lo elegís es porque te es significativo, relevante, porque es lo que querés y te suma. Si no te suma, tampoco vale como idea.

Todo el estereotipo que hay en la sociedad es que es difícil integrarse, casarse con un judío y ser aceptado. ¿Cuánta validez hay en eso?

Hoy en día tiene muchísimo de mito. El síndrome de la minoría que hemos arrastrado por siglos también nos ha hecho desconfiar del entorno. Pero hoy en día son paredes que se han caído, absolutamente. Hay buenos y malos dentro y fuera de la tradición judía. Hoy hay mucha gente que viene, que participa y no es judía, que elige participar de la vida judía como no judíos, y otros que abrazan la tradición y construyen familias donde existe lo judío y lo no judío, y muchos que suman lo que no fue judío de origen hacia una familia que se constituye dentro del paraguas de la tradición judía. La idea de las paredes en una comunidad cerrada es un mecanismo importante de protección. El judaísmo no es cerrado y no lo fue nunca. Muchas veces lo de “cerrado” es más para no contradecir lo que piensan los demás. No es y no fue cerrado, y solo lo fue cuando los confinaron a determinado barrio o gueto, algo muy común desde la Edad Media, que les dijeran: “Acá podés vivir, acá no”, “eso podés estudiar y esto no”, “de esto podés trabajar y de esto no”. Cuando durante siglos estás atravesado por este tipo de circunstancias, en algún lugar de tu ADN emocional todo eso existe. Si nos ven cerrados, si ven que nos ayudamos entre nosotros, no pasa nada, pero no es así básicamente en la vida judía.

¿Cómo ven el avance del neonazismo, por definirlo de alguna manera?

Más que neonazismo lo llamaría el avance del fundamentalismo. Lo vemos con la preocupación de un mundo que está desvalorizando el proceso, el esfuerzo y el conocimiento, donde mucha gente busca las soluciones mágicas. La gente se quiere hacer rica en un minuto, quiere la solución ya, quiere cerrar los ojos y estar hecho para toda la vida. Cuando buscás soluciones mágicas, muchas veces te aferrás a ideas extremistas. El reverdecer de un antijudaísmo, y no solo, es en el marco del “antiotro”. Cuando te definís por lo que no querés ser, mirando al otro, está todo mal. Vos tenés que elegir, a riesgo de aciertos y errores, qué querés ser. La vida es proceso, sin miedo de caerte y volverte a levantar. Nuestros padres y nuestros abuelos vivieron así. Nosotros mismos fuimos educados con la certeza de que quizás no todo te salga bien en la vida, y que un día te podés caer, pero podés tener la fortaleza de volverte a levantar. Nuestros hijos y nuestros nietos no soportan la frustración, y eso lleva a sentir odio por el que no se cae. Hay mucho fundamentalista aprovechando ese nicho, ese vacío que se genera en un mundo que en general no valora el esfuerzo, el invertir, el valor del tiempo, el proceso en la vida. El neonazismo toma fuerza en el marco de todo eso. Es una filosofía de época que hay que mirar con cuidado.

Es fruto de la cultura hegemónica.

Es posible, pero soy de los que creen que la cultura humana la construimos entre todos, incluso aunque haya alguno más poderoso que pueda tener esa fuerza de imponer lo que llamamos hegemonía. Básicamente, tenés que tener carne de carnada para poder hacerlo. Si no tenés masa crítica, no funciona. Hay algo que está pasando, donde las ideas fundamentalistas que proponen romper con esta baja tolerancia del umbral de frustración son exitosas. Hoy la gente quiere todo ya, quiere que alguien le diga lo que quiere escuchar. ¿Qué lugar hay para las disidencias, para pensar? ¿Cuántos quieren pensar, y cuántos dicen: “Paso, masticalo por mí”? Para mí es bastante frustrante verlo, dentro de la comunidad y dentro de la sociedad. Por eso creo que en Uruguay, todavía, en algún punto, somos privilegiados.

¿Los ves así?

Aquí el debate se da en armonía, todavía hay lugar para el debate de ideas, para el intercambio hermanado. Podés tomar un mate con el que piensa antagónicamente distinto. Todavía hay una ejemplaridad de que la vida es proceso. Tenemos una cultura de calma. Somos de convivencia, incluso en las diferencias. Y los fundamentalismos todavía tienen muy poco lugar. Existen, sí, no lo vamos a negar, pero tienen muy poco lugar. Vengo de la otra orilla, donde los fundamentalismos están a la orden del día, y te digo que duele ver cómo en las sociedades la gente se fractura detrás de soluciones mágicas. Al final de la historia los que se paran de un lado u otro de una determinada grieta lo que terminan haciendo, para tener más adeptos, es buscar soluciones rápidas, más espejitos de colores y más mundo mágico, y odio al otro. Todo eso, combinado, demuestra que no entendimos nada de lo que pasó en el siglo XX, que nos dejó como herencia que si vamos contra una pared a doscientos kilómetros por hora, vamos a chocar y nos vamos a morir. Hay que frenar, recalcular, buscar otro camino. En este contexto hay todavía esperanza, pero está difícil pelearles a los fundamentalismos, especialmente en las generaciones más jóvenes. A nosotros todavía nos gusta pensar.